Zerbitzuan
Gizarte langintzaren jardute profesionala gaur egun
Berrio-Otxoa, K., Berasaluz, A., Gizarte langintzaren jardute profesionala gaur egun 2009, n. 44, 2008, p. 31-37.
Resumen
Con alrededor del 95% de presencia en el sector, se puede decir que, en España, existen pocas profesionales tan feminizadas como el trabajo social. Las mujeres, además, siempre han sido un grupo social de especial interés para el trabajo social. Ello se debe, por un lado, a que el sistema patriarcal las coloca en una posición subordinada, pero también a que, debido a su tradicional papel de cuidadoras, actúan frecuentemente como intermediarias ante los servicios sociales. Tomando esta realidad como punto de partida, el artículo que se reseña en estas líneas se pregunta por las consecuencias prácticas que dicha feminización ha tenido, y sigue teniendo, en el trabajo social de nuestro país. El trabajo se estructura en torno a los tres ejes que Mary E. Richmond, una de las pioneras del trabajo social, utilizaba para definir esa profesión: el social (es decir, la reforma social), el profesional (la praxis) y el disciplinar (los estudios sociales en los que debía fundarse toda intervención). La autora solicitaun esfuerzo por incorporar la perspectiva de género en el desarrollo del trabajo social como profesión. “Hemos trabajado desde mujeres, para mujeres, pero sin considerar las aportaciones de la teoría feminista”, dice. Superar esta debilidad histórica, añade, permitirá avanzar en los tres retos que, a su juicio, tiene marcados el trabajo social -su visibilización, la redefinición de su rol y el aumento de la producción de conocimientos específicos-, además de contribuir a una praxis que promocione los derechos humanos. “Todas nuestras tareas pendientes las acometeremos si partimos de una premisa: la necesidad de dedicar tiempo para nosotras mismas, para nuestra profesión, para formarnos mejor, para abrir procesos de reflexión sobre nuestra práctica profesional”, concluye Beraluze.

