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¿Qué espacios de vida y cuidados preferimos para afrontar la dependencia?

27 Mayo 2019

DiagnósticoLa autora comienza con la identificación de los aspectos que caracterizan el cambio demográfico de las últimas décadas en España, con consecuencias también para el sistema de cuidados, tradicionalmente familista: aumento de esperanza de vida y expansión de la discapacidad severa; disminución de la media de personas por hogar; plena incorporación de la mujer al mercado laboral o incremento de la proporción de población sin hijos.

En opinión de la autora, todos estos cambios comprometen la capacidad real de las familias para cuidar en un contexto en el que los otros recursos para los cuidados, bien de financiación pública o privada, han sido un apoyo limitado. De este modo, progresivamente, la casa propia con apoyos no familiares se convierte en alternativa a los cuidados institucionalizados (en centro residencial).

Como señala C. Fernández Carro, pese a que algunas organizaciones internacionales (ONU) subrayan la importancia de conocer los deseos y preferencias de la población para lograr vivir en un entorno que satisfaga estos, no existe mucho conocimiento al respecto. Así, con datos de la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre “Cuidados a dependientes” (2014), este artículo explora algunas de las claves que nos sitúan ante un nuevo modelo de apoyo a la dependencia.

Claves para un nuevo modelo de apoyo a la dependencia: deseos, percepciones y alternativas reales:

  • Las opciones sobre el lugar preferido para vivir en caso de dependencia apuntan a entornos donde la familia ya no es la principal cuidadora.
  • Según señala la autora, “el cambio en el patrón de preferencias de las personas entre 50 y 74 años se debe, entre otros factores, a que se trata de un grupo especialmente consciente de los costes personales del cuidado. Muchas de estas personas están ayudando a uno o a varios miembros de su red social (cónyuges, padres o madres mayores, hijos e hijas adultos, etcétera.), y no solo en un sentido práctico, sino también financiero o emocional. Esta situación les permite conocer de primera mano las consecuencias negativas del cuidado (desgaste físico y psicológico, falta de tiempo propio, etcétera) y considerar de manera más positiva soluciones alternativas al modelo de cuidado tradicional. Su preferencia también está relacionada con un cambio en la visión de la responsabilidad del cuidado en estas generaciones, en las que ya no se considera una función exclusiva de la familia. Así, se inclinan por espacios de vida y cuidados que no comprometan sus proyectos de vida ni los de sus familiares, como pueden ser las residencias y la casa propia con ayuda externa.”
  • Los datos analizados indican que existen diferentes preferencias y diferentes perfiles en cuanto a los cuidados. Por una parte, “el modelo de cuidados tradicional permanece más arraigado en entornos rurales, menos permeables a los procesos de modernización y cambio social, así como en las personas con creencias que refuerzan los valores de la familia tradicional, de modo que el cuidado entre familiares es concebido más como un deber que como una opción”. Por otra parte, “los factores asociados a la preferencia por permanecer en la vivienda propia con ayuda externa, sin embargo, están más relacionados con el contexto familiar de la persona que con su perfil socioeconómico.”
  • Las opciones reales del actual modelo de cuidado en España hacen que el entorno preferido para vivir en términos ideales no siempre se considere el mejor en la práctica. Es decir, pese a que la vivienda propia con ayuda externa es la opción más deseada, la mayor parte de las personas encuestadas reconocen que la solución ideal es la familia como respuesta a sus necesidades de cuidados.
  • Aunque la familia sigue siendo considerada como el cuidador más seguro y fiable, el rol de los servicios públicos y privados se demanda y valora más que en el pasado. Los datos del 2009 “indicaban que el lugar preferido para vivir en caso de tener una salud deteriorada era la casa de los/as hijos/as, y solo cinco años más tarde, en 2014, la opción más deseada era la vivienda propia con apoyo.Es decir: no se trata solo de permanecer en casa, sino de disponer de los recursos de cuidado disponibles en cada situación. Y aquí es donde, como subraya la autora, son clave el diseño y la puesta en marcha de políticas sociales relacionadas con apoyos a la dependencia en un contexto en el que la familia, progresivamente, comienza a percibirse como un recurso secundario.

Si desea ampliar esta información puede consultar el artículo de Celia Fernández Carro: “¿Qué espacios de vida y cuidados preferimos para afrontar la dependencia?(Observatorio Social La Caixa).